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Excursiones a Cuba
Por Jane Franklin
Pobre Robert
Torricelli. Cuatro años después de haber perdido su curul senatorial debido a la
corrupción, trata de inventar una vida en la cual él es el protagonista como
hombre de principios –el héroe en una lucha por llevar la libertad a Cuba. En la
vida real, el representante Torricelli (demócrata por Nueva Jersey) viajó a Cuba
del 20 al 23 de noviembre de 1988. Jo Scout Orr reportó en el Star-Ledger de
Newark, N.J., el 24 de noviembre, que Torricelli habló con el Presidente Fidel
Castro una noche “desde las 8 p.m. hasta las 2:30 a.m.”. Orr señaló que “durante
sus viajes por Cuba”, Torricelli descubrió que las condiciones de vida eran
“bastante buenas comparadas con otras naciones latinoamericanas”. Torricelli
dijo: “‘Los niveles de vida no son altos, pero la falta de viviendas, el hambre
y las enfermedades que se ven en gran parte de Latinoamérica no parecen
evidentes’.”
Ese viaje fue su
único viaje a Cuba. Pero debido a que no encajaba con su posterior carrera como
líder de una guerra política y económica contra Cuba, Torricelli trató de
enterrar su memoria. Ahora en “Cómo Unos Pocos Días Cambiaron Mi Vida –y la de
Castro” (Star-Ledger, 6 de agosto), ha reemplazado ese viaje verdadero con un
viaje inventado a Cuba en 1992. Durante su visita real, la Unión Soviética aún
estaba intacta, pero Torricelli ha hecho un viaje en el tiempo hacia el futuro,
después del colapso de la Unión Soviética. “Para cuando tomé asiento en los
aposentos del dictador cubano”, escribe, el “colapso del comunismo soviético
había cortado el suministro ruso de $6 mil millones”. Torricelli pone a Castro a
discutir la caída de la Unión Soviética y el derrocamiento del gobierno de
Rumania, lo que no sucedió hasta 1989, un año después de la verdadera reunión de
Torricelli con Castro. Como las referencias no podían haber sido hechas en 1988
y como Torricelli no regresó a Cuba, este diálogo interesado, como toda la
visita de 1992, es una fantasía imposible.
Luego Torricelli
inventa un regreso igualmente imposible del falso viaje de 1992. Él asegura que
unas “pocas semanas” después de su visita “estaba almorzando en el salón
principal del yate de un amigo en Coral Gables con líderes de la comunidad del
exilio”. En ese almuerzo “comenzamos a redactar la Ley de Democracia Cubana”.
Pero no fue así cómo sucedió.
Para comprender
lo que sucedió, sigamos el rastro del dinero. En 1989, con las impresiones
favorables de su reciente viaje a Cuba aún en mente, Torricelli apoyó los
esfuerzos por eliminar el embargo comercial de EEUU a la venta de alimentos y
medicinas a Cuba. A él le preocupaba el efecto del embargo en el pueblo de Cuba.
Luego la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), el más rico e influyente de
los grupos cubano-americanos, comenzó a prestar especial atención a Torricelli,
contribuyendo con dinero y lujosas invitaciones “en medio de los ricos y la
élite de la comunidad cubana de Miami”, como los describe él en el artículo. Se
convirtió en amigo íntimo del difunto Jorge Mas Canosa, el multimillonario
presidente de la FNCA.
Según un ex
ayudante, en 1991 Torricelli, como presidente del Subcomité de la Cámara de
Representantes para Asuntos del Hemisferio Occidental, tomó solo dos días en
decidir centrar su atención en Cuba. Emitió un edicto en relación con la
Fundación Nacional Cubano-Americana: “Lo que la fundación quiera, la fundación
tendrá”.
En una audiencia
del subcomité del 31 de julio de 1991, Mas Canosa propuso la Ley de Democracia
Cubana. Al contrario de la aseveración de Torricelli de que comenzaron a
redactarla después de su visita de ficción a Cuba en 1992, tengo una copia de un
borrador de esa legislación con fecha de 8 de noviembre de 1991. Fue filtrada a
varias personas, incluyéndome a mí, y las críticas provocaron cambios radicales
antes de que Torricelli la presentara a la Cámara el 5 de febrero de 1992.
En agosto de
1992, para la campaña de reelección de Torricelli, el Comité de Acción Política
(PAC) Cuba Libre, de la FNCA, entregó la máxima contribución permitida de $10
000 y miembros individuales de la FNCA contribuyeron con otros $16 750, para un
total de $26 750 para Torricelli, quien los representaba de manera tan eficaz en
el Congreso. Muchos cubano-americanos, aún los opuestos a Fidel Castro, creyeron
que el recrudecimiento del embargo solo provocaría mayores dificultades
económicas para el pueblo cubano. Pero el propósito de Torricelli estaba claro.
Como dijo al público en la Universidad de Georgetown en 1993, “Mi objetivo es
crear el caos en Cuba.”
En 1996, la FNCA
entregó dinero y un bloque de electores cubano-americanos para ayudar a
Torricelli a convertirse en senador federal. Ahora está creando una
representación extrañamente deshonesta, pero reveladora, de su vida.
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