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Latin American Weekly Summary

No quiero estar asociado con la tortura
 

Por Ray McGovern
 

(Esta carta apareció originalmente en Truthout.org.)

 

Nota del Editor: Ray McGovern y otras 15 personas participaron en una acción hoy (2 de marzo de 2006) en los pasillos del Congreso. Los 16 se pusieron overoles de color naranja, similares a los usados por los detenidos en Guantánamo. Usaron mordazas decoradas con una sola palabra: tortura. No hubo que decir otra palabra mientras caminaban por los pasillos del Congreso.  McGovern, un veterano de la CIA con 27 años de servicio, también devolvió su medallón de Distinción de la Inteligencia que le fue entregada por “servicio especialmente distinguido”.  McGovern entregó la medalla al Representante Pete Hoekstra junto con la carta siguiente:

 

El Honorable Pete Hoekstra, Presidente
Comité Permanente Selecto de Inteligencia de la

Cámara de Representantes
 

Estimado Representante Hoekstra:

    

Como asunto de conciencia, estoy devolviendo el medallón de la Distinción de Inteligencia que me fue entregado por “servicio especialmente distinguido” durante mis 27 años de carrera en la CIA. El asunto es la tortura, que se encuentra en la misma categoría que la violación y la esclavitud –intrínsicamente malvada. No deseo ser asociado, no importa cuán remotamente, con una agencia dedicada a la tortura.

 

En los últimos años han sido muy preocupantes los informes de que personal de la CIA estaba torturando a detenidos. El otoño pasado hubo cierta confirmación cuando el Director de la CIA Porter Goss, así como Dick Cheney –calificado por The Washington Post como “Vicepresidente para la Tortura” – presionaron al Senador John McCain exigiendo que su enmienda que prohibía la tortura no incluyera a la CIA. Informes subsiguientes implicaban a personal de la agencia en varios casos de abuso a prisioneros en Irak, incluyendo unos pocos en que los detenidos murieron durante el interrogatorio.

 

El acatamiento de los directores de la CIA George Tenet y Porter Goss a las directivas ilegales de la Casa Blanca ha hecho un daño irreparable a la CIA y al país –sin mencionar a los torturados y muertos. Que usted, como Presidente del Comité Permanente Selecto de Inteligencia de la

Cámara de Representantes, muestre mayor deferencia a la Casa Blanca que dedicación a sus responsabilidades de supervisión bajo la Constitución es otra gran decepción. ¿Como puede usted y su contraparte, el Senador Pat Robert, ignorar la tortura –permitir que algunas personas queden impunes– y no sentir remordimientos de conciencia?

 

Si los oficiales alemanes que recibieron órdenes de hacer tales cosas en los años 30 hubieran protestado lo suficiente y a su debido tiempo, el pueblo alemán hubiera podido ser alertado de las atrocidades que se perpetraban en su nombre y se hubieran esforzado más en impedirlo.  Cuando mis nietos pregunten: “Abuelo, ¿qué hiciste para detener la tortura?”, quiero poder decirles que traté de cumplir mi juramento, tanto como oficial del Ejército como de la inteligencia, de defender la Constitución de Estados Unidos –y que no sólo protesté en contra de la tortura, sino que también busqué una manera simbólica de disociarme de ella.

 

Los norteamericanos nos hemos acostumbrado a dejar que las instituciones pequen por nosotros.  Aborrezco la corrupción de la CIA en los últimos años, creo que no tiene remedio y no quiero que mi nombre esté en ningún medallón asociado con ella. Por favor, destruya este.

 

Atentamente,
 

Ray McGovern

 

 

Ray McGovern trabaja para Tell the Word, lrama editorial de la ecuménica Iglesia del Salvador en Washington, DC. Fue analista de la CIA durante 27 años y pertenece al Grupo de Dirección de VIPS.

 

 

 

 

 


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